Lo ocurrido el Sábado 24 de Setiembre, en el Estadio Monumental, que terminó con la vida de un Jóven Universitario, vuelve a colocar el tema de la violencia y la seguridad urbana en la agenda de la clase política. Ocurrió algo parecido cuando la hija de un Congresista resultó herida en un asalto. En ambos casos es la clase política la que se ha encargado de publicitar estos eventos delictuosos y proponer las alternativas de solución. En ambos casos los diagnósticos no han sido objetivos y las alternativas de solución no parecen ser alternativas de solución.
En general se buscan explicaciones apelando a razonamientos falaces. En el caso de la hija del Congresista, Alcaldes, Congresistas y hasta el propio Presidente de la República, condenaron el acto por su criminalidad a partir de lo ocurrido: una niña herida de bala por un delincuente que quizo asaltar a la Madre. Si no se hubiera tratado de la hija de un Congresista, el acto criminal se habría vestido de rutina y hubiera ocupado espacio sólo en las crónicas policiales de los diarios. La falacia aquí es clara: en lugar de enfocar la atención en el crimen cometido, se enfoca en los personajes alrededor del crimen. Si los personajes son importantes el crimen es importante.
¿Se puede considerar que los delincuentes buscaban herir a la niña? Obviamente no. Lo que buscaban era robar. ¿Por qué se desató la balacera? De acuerdo con la información periodística, ésta fue el resultado de la intervención de la seguridad del Congresista. Es probable que si no se hubiera producido la intervención de la seguridad, no se habría generado la reacción del delincuente que terminó hiriendo a la niña. Pero nadie ha explorado esta probabilidad que parece obvia.
En el caso del crimen en el Estadio Monumental, también se han empleado falacias para explicar lo sucedido y para proponer las alternativas de solución. Éstas mismas revelan la falacia de origen. Desde el cierre de los Palcos en el Monumental, pasando por el cierre de los mismos estadios al público, hasta dejar de lado el football como deporte. ¿Qué tiene que ver el football en este crimen? ¿Qué tienen que ver los Palcos? En el Estadio Nacional también hay palcos. ¿Próximamente se va a producir otro crimen allí?
Los propietarios de los Palcos declaran que no son responsables de lo ocurrido. Los dirigentes del Club Universitario dicen lo mismo. Lo cierto es que los palcos se alquilan y está claro que entre quienes los alquilan se encuentran las barras de los clubes. El propietario de un palco en el Monumental, que lo alquila para un clásico y lo alquila a los Aliancistas, sabe lo que hace. Sabe que se va a colocar banderolas y que esas banderolas son una provocación pra las barras opuestas. Pero no les interesa lo que ocurra. Les interesa la renta del palco.
Se debe presumir que en el Estadio de la U, colgar banderolas de Alianza en los palcos es una clara provocación. Y que la violencia al término de los clásicos se ha convertido en algo rutinario. Es decir, colocar una banderola implica bronca. Aunque nadie espera que la bronca termine en un crimen. En este sentido ¿pudo ocurrir lo contrario? ¿Pudo ocurrir que el que fuera lanzado desde el palco fuera alguien de la U y no de Alianza? Creo que es posible. Como es posible que ocurra un crimen en el Estadio de Alianza cuando se juegue un clásico allí, o allí donde se juegue un clásico, siempre es posible que se cometa un crimen. Y otro tanto puede ocurrir en el Miguel Grau del Callao, por ejemplo.
Cuando hay partidos en el Miguel Grau del Callao, los que vivimos cerca tenemos que tomar precauciones. Antes del partido, durante y luego del partido, hay que mantenerse alejado del Estadio y de la Av. Colonial entre el Estadio y hasta la Av. Universitaria. No es una exageración. Las barras se agrupan desde la Av. Universitaria y avanzan por la Av. Colonial y asaltan a todo el que encuentran indefenso en el camino. La respuesta a este problema es bastante estúpida. Ahora estas barras se desplazan con acompañamiento policial, decenas, hasta cientos de policías, con tanquetas y motos, acompañan todo el recorrido de estas barras. De esta manera se generan incentivos para que las barras se fortalezcan.
La policía ha generado derechos a las barras. Las barras pueden tomar las calles cerca de los estadios, y en lugar de ser repelidos, son acompañados por la policía. La policía se encarga de prohibir el tránsito vehicular para que las barras puedan desplazarse por las calles. Los clubes de football complementan la tarea de generar incentivos a las barras y a la consecuente violencia. Reparten miles de entradas a las barras. Parte de los barristas reciben las entradas de manera gratuita. La mayor parte es explotada por los dirigentes de las barras que negocian las entradas, con el pretexto de cubrir los costos de banderolas, transporte, etc.
Los costos de las entradas, los costos de la policía que los acompaña, son costos que todos los ciudadanos asumimos. Es decir, estamos financiando la violencia. Hemos financiado el crimen cometido el Sábado 24. Los propietarios de los Palcos están haciendo negocio alquilando los Palcos. Los dirigentes de los clubes hacen negocios repartiendo entradas. La policía hace negocio cuando protege a los barristas. Mientras se mantenga esta estructura de incentivos, la violencia va a continuar. Se necesita eliminar este sistema de incentivos perversos.
