Mañana a votar por el Perú y contra la corrupción

Durante más de 10 años hemos publicado en este sitio artículos con temas de microeconomía y afines, y enfocados desde la perspectiva de la enseñanza-aprendizaje. En muy raras ocasiones nos hemos apartado de esta rutina. Hoy es una de esas ocasiones. Las elecciones presidenciales de mañana demandan de quienes tenemos alguna presencia en el espacio virtual, una determinación política. Más de 55,000 visitas al mes durante los últimos 5 años representan una gran responsabilidad. Ocurre otro tanto en las redes sociales donde estamos presentes desde fines del año pasado. Una pregunta sencilla, ¿por quién piensa votar?, se me ha presentado de manera casi insolente, desde comienzos de Abril. Y al comienzo, antes del 10 de Abril, nuestra respuesta también fue insolente. Mi voto es por el VAM.

El VAM fue nuestro candidato desde las elecciones del 2006 en el balotaje entre Alan García y Ollanta Humala. El 15 de Abril del 2006 publicamos nuestras reflexiones sobre los resultados de la primera vuelta, y el 28 de Mayo el artículo Mi voto es por el VAM donde defendía el voto viciado en segunda vuelta. Han pasado 5 años y no me arrepiento de haber viciado mi voto, tanto que en la primera vuelta de estas elecciones, el 10 de Abril mi voto nuevamente fue por el VAM. Pero aquí empiezan las diferencias.

Este año tuvimos 11 candidatos. Un indicador elemental de lo precaria de nuestra democracia. Cualquiera que quiere ser Presidente puede ser candidato. Y una de las razones, tal vez la más importante, para que este exceso de oferta se presente, es que nuestra democracia es principalmente electoral. Para la gran mayoría en nuestro país, la democracia se reduce a que muchos eligen y muy pocos son elegidos. Y la democracia se vive sólamente en las elecciones. Un país serio tendría menos candidatos. Los candidatos a Presidente generalmente son aquellos que se perciben como presidenciables. Pero en nuestro país esta percepción casi no existe y esto es tan evidente que casi siempre se vota pensando en el mal menor. No se vota por alguien sino contra alguien.

Se podría decir que mientras mayor la percepción de corrupción en un país, más candidatos. En nuestro país hasta ser consejal de un gobierno local es rentable. Las ingresos fiscales se han convertido en un fuerte estímulo por la relativa facilidad de su manejo patrimonial. Un alcalde siempre quiere volver a serlo, y cuando deja de postular es porque piensa postular al Congreso o a la Presidencia de la República. Ganar una elección en una democracia de elecciones no parece ser muy difícil. Una mujer se coloca un número en el poto y llega al Congreso. Un chinito quiere ser Presidente y termina siendo elegido frente a quien hoy tiene un Nobel.

Y este año con 11 candidatos, nuestro pueblo terminó aprobando a dos para el balotaje de mañana. Uno es Alberto Fujimori, bajo la representación de su hija, debido a que la circunstancia de vivir, dizque preso, en la DIROES, no le  permite participar directamente. Y el otro es Ollanta Humala, recordado por el inexplicable, además de ridículo alzamiento de Locumba, su apoyo político al Andahuaylazo y la presunta violación de derechos humanos en Madre Mía, en la época del senderismo. ¿Cómo es que se llega a una situación así?

Antes del 10 de Abril dijimos en Facebook que los resultados de las elecciones colocarían en el gobierno a la centro derecha. De 11 candidatos, sólo 5 tenían la posibilidad de llegar al balotaje.  Cuatro de ellos eran de derecha o de centro derecha y el otro de izquierda o centro izquierda. Si pasan dos de centro derecha, la centro derecha llegaría al gobierno. Si pasaba uno de centro derecha, igual llegaría al gobierno con el apoyo del resto. Parecía simple y lógico. Pero nunca pensé que la centro derecha eligiera a Alberto Fujimori. Pero la eligieron. Entonces la centro izquierda, para poder ganar tiene que girar a la derecha y competir por la representación de la centro derecha. Y es lo que ha ocurrido con Ollanta Humala cuando pasa del Plan de Gobierno inicial, al compromiso con el Pueblo, a la Hoja de Ruta y al Juramento. Y entre Alberto Fujimori y Ollanta Humala es mejor votar por Ollanta Humala.

Ollanta Humala, con su giro a la derecha,  busca demostrar que puede hacer un gobierno exitoso impulsando el mercado, pero poniendo el acento en la inclusión social. Con un 30 % de pobreza y un 12% de extrema pobreza, no se puede gobernar sólo para el 70%, pero sí se puede gobernar con el 70% para atender al 30%. Es una discriminación virtuosa. Tal vez por eso es que liberales como nuestro Nobel, han pasado de ser severos críticos a Ollanta a promover el voto por él. Para Mario Vargas Llosa, al comienzo se trataba de elegir entre el Sida y el Cáncer. Luego se trataba de elegir entre el mal mayor y el mal menor. Y finalmente se trata de votar por Ollanta porque genera la confianza que se necesita para que la economía siga en crecimiento y se  pueda atender a la pobreza y sobre todo a la pobreza extrema.

Esta semana en que la publicación de Encuestas está prohibida,  ya todos conocemos cómo van las Encuestas. Y van bien. Mañana temprano a votar por Ollanta Humala, sin ambiguedades, como bien ha dicho Toledo.

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