¿Cuántas veces al año compramos ropa interior?

La segunda semana de clases, Teoría Económica II, comentamos las diferentes estructuras de mercado. Presentamos una plantilla abstracta de requisitos que debía cumplir un mercado competitivo: a) Muchos que venden y muchos que compran; b) Producto o Servicio homogéneo; c) Costos de transacción cero o casi cero, y d) Libertad para ingresar  y para salir del mercado. Recuerdo que cuando queríamos  explicar lo de la homogeneidad o percepción de homogeneidad del producto, referimos el hecho que, en dicha estructura de mercado, todos venden y compran lo mismo. Y asociamos esto con la situación de Cuba donde la variedad en el consumo fue imposible durante muchas décadas y que, generaciones enteras, vivieron su juventud vistiendo  y comiendo casi siempre lo mismo.

No era nuestra intención sostener que esa Cuba era un buen ejemplo de un mercado competitivo, precisamente porque el mercado no existe allí. Sino para poner el acento en cuando a la homogeneidad como antónimo de la variedad. Y que los mercados competitivos estaban focalizados en la homogeneidad, mientras que el resto de los mercados, los mercados reales, ponen el acento en la variedad. Y entonces recordé uno de los últimos artículos de Yoani Sánchez que publica El Comercio. Aquí dos párrafos:

Una vez al año una mujer tenía el derecho a elegir entre comprar un sostén o unas bragas, de ahí que pocas exhibieran un juego de ropa interior completo y en buen estado.

(…) durante casi un lustro mi marido y yo nos intercambiábamos parte de la ropa que nos había quedado de los años del subsidio soviético. Recuerdo que ataba mi abundante cabellera con uno de sus calcetines, a falta incluso de un trozo de tela para amarrarme las greñas. Teníamos blusones grises y camisas a rayas que lo mismo servían para ir a un cine que para asistir a la boda de unos amigos. Nadie miraba qué llevábamos sobre la piel, pues todos padecían de la misma estrechez de ropa y calzado. Aquellos que estábamos en la adolescencia aprendimos a adornar los estropeados pantalones con etiquetas y broches, mientras que un viejo pulóver se embellecía si alguien le escribía una frase con pintura para autos.

El artículo se titula Manías de Pavo Real, y fue publicado el Sábado 9 de Abril. Yoani revela aquí la conducta patética de los jóvenes cubanos de hoy, que son capaces de gastar el dinero que no tienen en zapatillas Nike o Adidas. Textualmente:

En las calles de mi ciudad veo el ir y venir de los zapatos Nike y Adidas, cuando muchos de sus dueños no tienen agua corriente o un colchón decente donde dormir.

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