Hace poco hicimos un comentario sobre la diferencia percibida entre socialismo y capitalismo. El eje de la diferente percepción de ambos sistemas se focalizaba en el presupuesto que el socialismo pretende distribuir la riqueza sin preocupación de su creación y el capitalismo se preocupa de su creación sin considerar su reparto. Pero más allá de la percepción, lo que interesba era llamar la atención que los socialismos realmente existentes, digo Cuba y Corea del Norte, y toda forma de populismo tipo Chavismo en Venezuela, generan señales equivocados que terminan invirtiendo el sistema de estímulos. No es necesario La meritocracia no tiene sentido frente a la burocracia. Es mejor estar "bien conectado" con el poder para "triunfar" y no hay que preocuparse de estudiar, trabajar, etc.
Y el comentario desarrollado en ese post buscaba ilustrar este resultado. A medida que se reparte más se pierde más el estímulo para producir más. La historia es graciosa pero útil.
Y hoy me encontré con un chiste con el mismo contenido pero, en mi opinión, mucho más divertido. Aquí va:
Una universitaria cursaba el sexto semestre de sus estudios. La chica pensaba que era de izquierda y estaba a favor de la distribución de la riqueza (que todavía ella no había alcanzado).
Tenía vergüenza de que su padre fuera de derecha y se opusiera a los programas socialistas. Sus profesores le habían asegurado que la de su papá era una filosofía equivocada.
Por lo anterior, un día se decidió a enfrentar a su padre. Le habló del materialismo histórico y la dialéctica de Marx, tratando de hacerle ver cuán equivocado estaba al defender un sistema tan injusto.
En eso, como queriendo hablar de otra cosa, su padre le preguntó: – ¿Cómo van tus clases?
– Van bien -respondió la estudiante.- Tengo promedio de notas 19; me cuesta mucho trabajo, no tengo vida social y duermo poco, pero lo logro.
– Y a tu amiga Soledad, ¿cómo le ha ido?
La hija respondió muy segura de sí misma: – Muy mal, Soledad tiene 9 de promedio. Se la pasa todo el tiempo haciendo shopping y saliendo de noche; no estudia y muchas veces ni siquiera asiste a clases. Va a perder el semestre.
El padre mirándola a los ojos, le respondió: – Entonces busca al Decano y pídele que le transfiera 5 de los puntos tuyos a ella, para que ambas tengan 14, esta sería una buena y equitativa distribución de notas.
Ella indignada le gritó: – ¿¡Por qué!? ¡He tenido que quemarme las pestañas para lograr mi promedio, mientras que Soledad no estudia y se dedica a disfrutar la vida!. ¡No le pienso regalar mi trabajo!
Su padre la abrazó cariñosamente y le dijo: ¡¡¡BIENVENIDA A LA DERECHA!!!
